Sábado, 27 de agosto de 1988, Diari de Tarragona

Sylvia León

CAMBRILS

Setenta años atrás Cambrlls no era más que un pueblo marinero, lejos del bullicio turístico

Son la 3 de la tarde, Francisco Rovira, uno de los más ancianos del lugar, recuerda el Cambrils de hace 70 arios. Está un poco cansado, quizá por el esfuerzo de recordar el Cambrils que él tanto ha querido siempre, porque éste, el turístico , no se parece en nada al que vivió cuando era un niño.

Una habitación llena de fotografías, gastadas por el paso del tiempo, invita a pensar, recordar y sentir aquel Cambrils lleno de vida y tradiciones. Francisco Rovira se sitúa en aquel entonces y comenta, posiblemente con un poco de nostalgia, cómo ha cambiado el municipio costero.

Según Francisco, Cambrils era, ahora hace 70 años, un reducido núcleo de casas donde sólo había dos calles y 20 barcas en las que se iba a pescar con velas y remos. No había playa ni carretera. «Detrás de esas calles -señala con el dedo hacia unos edificios de lo más moderno-, no había más que un desierto, al que nuestros padres no nos dejaban ir a jugar», afirma sonriente. “Entonces -añade, sin dejar la sonrisa- las gentes del pueblo estábamos unidos como una gran familia. Cuando acontecía un problema todos ayudábamos. Ahora ha cambiado mucho”.

En 1955, Cambrils ofrecía este aspecto

Si de algo puede presumir Cambrils es de que siempre ha sido un puerto pesquero, ésta es quizá la única tradición que se ha mantenido firme, y es que al fin y al cabo ha sido una de las bases más importantes de subsistencia de la localidad. “Antes la profesión de pescar se vivía con mayor intensidad. A nosotros nos enseñaban desde muy niños, a los 9 años, todo lo relacionado con este maravilloso trabajo. Ahora hay pescadores con edad suficiente para haberlo aprendido todo y no saben limpiar la mayoría de los pescados; es crudo, pero es así, aunque tengo que reconocer, y de ello estoy contento, que los pescadores de hoy se ganan bien la vida, sufriendo poco. Antes se trabajaba mucho, era muy duro y apenas se ganaba algo. Todo ha cambiado”.

El desarrollo de Cambrils estuvo acompañado del de las técnicas de la pesca. Hacia el año 25 empezaron a llegar barcas de motor para la sardina y ello llevó a la construcción y ampliación del puerto. “Donde ahora empieza el Club Náutico tiraron la primera piedra para la construcción del puerto”.

Según Francisco Rovira, la localidad se ha desarrollado debido a los transportes y las comunicaciones. A partir de entonces, “Cambrils ha tenido en el turismo un mayor interés, con el que crecer económicamente, para llegar a ser una de las ciudades turísticas por excelencia”.

También es importante el sector gastronómico, en la actualidad el municipio goza de un gran número de bares y restaurantes de elevado prestigio. “La primera casa donde se daba comida, porque entonces no lo denominábamos

restaurante, se llamaba La Xateta, después se inauguró Casa Gatell, con más prestigio”.

Francisco Rovira ha visto nacer a Cambrils, ha conocido las barcas sin motor, ha vivido el trabajo duro sin grandes compensaciones cuando el nivel de vida era mucho más bajo, ha caminado por el agua donde ahora está la carretera, ha conocido el céntimo con el que compraba dos sardinas, ha vivido el grandioso desarrollo y hoy, para él, ser pescador sigue siendo un orgullo.

Así era Cambrils hace 70 años, un pequeño pueblo, en el que se podían contar las casas y sus gentes se saludaban al paso. Sin embargo, el tiempo no perdona. Cambrils es ya un innumerable complejo de edificios, residencias, hoteles, restaurantes … , en fin, una torre de Babel, en la que se cofunden los idiomas y son pocos ya los que se saludan.