Artículo publicado en el Diari el 23/10/2016, autor JORDI CABRÉ

El historiador Pedro Otiña pronunciará una conferencia el miércoles en la Sala Cultural a partir de las 20 horas

El cambrilense fue médico de la corte y el rey Carlos IV le concedió la súplica para poder aplicar este arte de pesca en su ciudad natal. Fue el primero en tener cuatro embarcaciones de arrastre

La huella de Antoni de Gimbernat en Cambrils es relativamente desconocida. Se sabe y está  documentado que el prestigioso cirujano y anatomista nació el 15 de febrero de 1734en la villa marinera y que hasta los 15 años, más allá de estudiar en Riudoms un par de ellos, estuvo viviendo en Cambrils. Cervera, Cádiz, Barcelona, París, Londres, La Haya y Madrid fueron las ciudades donde forjó su carrera, su prestigio y también su caída en desgracia después de la Guerra de la Independencia ( 1808-1814) acusado de afrancesado por sus contadas colaboraciones con los invasores galos durante el conflicto.

Pero más allá de su trayectoria humanista y médica, Gimbernat sí tuvo muy presente su ciudad desde la lejanía. Y prueba de ello es que gracias a su estrecha relación con la corte, era su médico y el de su familia, conseguía dos parejas de barcas para la pesca del bou.

Pesca de gánguil (izquierda), una tipología de arrastre con una barca. A la derecha, arte del bou (en pareja) en un grabado de Monceau del siglo XVIII.

Aunque pidió que el permiso fuera a perpetuidad, este privilegio jamás obtuvo autorización

El historiador Pedro Otiña, responsable del Arxiu Municipal de Cambrils, ha encontrado documentos que certifican el interés del médico por Cambrils y a su vez por sus conciudadanos en este nuevo tipo de pesca de arrastre hasta la fecha poco conocida y extendida.

El 21 de junio de 1792, el rey Carlos IV concedía una súplica para que Antoni de Gimbernat pudiera botar cuatro barcas, dos parejas, de pesca de arrastre en su villa natal Un sistema de pesca muy goloso por la cantidad de capturas potenciales y que hasta finales del siglo XVIII no se concedieron en gran número. Aunque la pesca de arrastre podía ser la panacea a la falta de alimentos y un negocio lucrativo a corto plazo, Otiña explica que hay pruebas de que el gasto medio de una barca de estas: tripulación, mantenimiento, reparaciones… podía llegar a 14.500 reales de vellón, una moneda de la época. Las ganancias en cinco años no llegaban a 12.000 reales. «A medida que incrementaron las súplicas, menos ganancias a repartir», argumenta el historiador.

La petición al monarca Una copia del documento original que está en el Arxiu Municipal de Cambrils dice así: «Don Antonio de Gimbernat vuestro Cirujano de Cámara a L. P. (los pies) de V.M. (Vuestra Majestad) reverentemente expone: que habiendo nacido en la villa de Cambrils situada en el corregimiento de Tarragona desea sobremanera contribuir por su parte a todo el bien que puede regulara favor de sus vecinos, y compatrícios; lo que sin duda se conseguiría con fomentar la pesca en los mares que alindan con el termino de dicha villa aumentándose al mismo tiempo la marinería que tan útil es siempre para la corona; en esta atención, y la de los méritos que el exponente tiene contraídos en vuestro Real Servicio. Suplica rendidamente a V.M. se digne concederle las gracias de mantener a su costa dos parejas de pescar con la facultad de usar de ellas desde el puerto de Salou hasta el castillo de San Jorge por todos sus mares, merced que espera de la Real clemencia de V.M.»

Pedro Otiña explica que la pesca del bou en Catalunya se introduce a lo largo del siglo XVIII y parece ser que sería una evolución de la pesca del gángil –ver grabado-, que era el mismo sistema de arrastre, pero con una sola embarcación. A lo largo del siglo XVIII, la demanda de súplicas fue en aumento. El crecimiento de la población motivó que la posibilidad de una pesca abundante fuera un recurso natural a explotar. En este contexto Antoni  de Gimbemat pidió el favor real, que le fue concedido en 21 de juniode1792 en Aranjuez sede de la corte en aquellos años. Gimbemat obtuvo permiso para dos parejas que gestionó él mismo o delegó en personas de confianza los primeros años. La súplica fue por un año y se fue renovando por trienios. La petición de perpetuidad fue rechazada, explica Otiña. Con el fin de la Guerra de la Independencia – Guerra del Francès en Catalunya-, Antoni de Gimbemat cayó en desgracia. El recorte de privilegios promovido por las Cortes de Cádiz, en 1812, anuló la súplica al médico una vez falleció.

Modelo de embarcación del bou de Cambrils de principios de 1900. No cambiaron tanto respecto al siglo anterior. FOTO: ARXIU MUNICIPAL DE CAMBRILS

Los matriculados

A partir de Felipe V, todo pescador debía obtener un permiso, una matrícula para pescar, ser patrón de barco o comerciar con cabotaje. Para obtener esta licencia, primero debía servir a la Armada y una vez licenciado, uno de las ventajas era la posibilidad de pescar. Antoni de Gimbernat, en su súplica, no sólo pensó en su interés económico y en dejar un método, táctica que no logró.

También fue un factor decisivo en el desarrollo de la pesca en su Cambrils natal y en el crecimiento y transformación del barrio del puerto.

Gimbernat explicaba en su súplica que deseaba contribuir a todo el bien que puede regulara favor de sus vecinos, y compatricios. Si éstos podían hacerse a la mar, por tanto matriculados, significaba que antes acudirían a reforzar

la marinería de la Armada  y por tanto, ganaba la corona en tropas y la ciudad en futuros pescadores.

Los datos que ha investigado Otiña reflejan que esas primeras dos parejas de barcas motivaron un rápido crecimiento de la pesca de arrastre en la ciudad y una obligada transformación de un barrio demasiado vulnerable hasta entonces a corsarios y piratas del Mediterráneo.

La zona portuaria de la villa marinera tenía40 matriculados en el año 1737; 87 en 1765; 119 en 1840. Durante el primer tercio del siglo XIX la población se asentó en la orilla del mar con 122 familias que representaban 511 personas, el 90% de la ciudad y su gran mayoría trabajando en relación a la pesca. «Gimbemat cayó en desgracia en sus últimos años, pero merced a obtener la súplica real para la pesca de arrastre, logró transformar un sector que a día de hoy todavía es uno de los principales motores de la ciudad», concluye Pedro Otiña.